“El cartucho era una ‘chimba’, más divertido de lo que todos piensan…”
PAÑOS DE AGUA TIBIA SOBRE
CÁNCER SOCIAL DE
Por Andrea Rojas
Los problemas de indigencia en Bogotá no solo se atribuyen a los índices de violencia y pobreza que afronta nuestro país. En algunos casos la indigencia es culpa de la falta de interés del gobierno por los habitantes de la calle. Es el caso de ‘Chona’, un joven caleño que vive hace cinco años en Bogotá.
Para él vivir en la calle no es un problema o una desgracia de la vida, al contrario, agrádese a Dios el vivir en ella. Este joven de diecisiete años decidió irse de su casa a los once, aburrido de las reglas y las leyes que le imponía su papá.
En la calle él encontró la libertad que su papá le prohibió, además conoció las drogas: su forma de escape y su única compañía fiel en estos últimos años. Las drogas han sido las únicas que le han ofrecido felicidad completa: “yo conocí la plata y los lujos, pero ninguna me ofreció lo que me da la droga”.
‘Chona’ reside en el Galán, Candelaria, hace ya casi nueve meses y para él, desalojar el cartucho ha sido el golpe más grande de su vida. “El cartucho era una ‘chimba’, más divertido de lo que todos piensan, en él se encontraba gente de verdad, amigos que le dan la droga más barata, no sé por qué se metieron con él; sólo por fingir una mejor ciudad a nosotros nos sacaron. Les valemos mierda”, afirma él.
Por otro lado, explica que el intento del Gobierno por reintegrar a los habitantes de la calle es muy poco. Ofrecerles un plato de comida o un trabajo a menos del treinta por ciento de la población que sacaron del Cartucho, es inútil ya que el otro setenta sigue drogándose y expandiéndose en las calles de la ciudad.
En las administraciones de Mockus y de Peñalosa se trató de mejorar la atención al habitante de la calle, pero dados los altos costos, estos programas de reintegración social alcanzaron poca cobertura. Desde entonces funcionan los hogares de paso para alojamiento y asistencia médica. No obstante, al ser hogares de paso no ofrecen terapias psicológicas ni tratamientos para la desintoxicación de más largo alcance, mucho menos programas de capacitación laboral. Lo que hace que los pocos indigentes que son acogidos recaigan de nuevo o tomen esta ayuda como una salida a sus problemas de alimentación y vivienda, y no se logre una verdadera reintegración social.


FOTOS: ANDREA ROJAS
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